Ayer me sucedió algo de lo mas extraño, no tuve un día que se le pueda llamar bueno, en realidad estuvo jodido y salí alicaída, cabizbaja es decir con humor de perro apaleado; pero al cruzar la avenida camino al metro me encontré frente al Palacio de Bellas Artes un grupito de chicos con unos letreros que tenia escrito "Abrazos gratis" les otorgue mirada entre desconcertada y divertida iba pasando a su lado sonriendo al verlos cuando uno de ellos se separo del grupo haciendo un ademán de...¿como describirlo?, de ¿ frustración?, bajo su letrero y me dice...¿Me podrías dar un abrazo?, mi mirada paso a confusa, suspicaz, incredulidad; dí un paso atrás todavía confundida pero el chico abre sus brazos y me dice ¿Si?. Para este momento me dio tanta ternura que le dije, si, ¿que mas da?, recibí un abrazo fuerte como si fuera un amigo de toda la vida que no he visto en mucho tiempo y cuando termino el abrazo y quise seguir mi camino vi a un pequeño de unos 7 años también con su letrerito mirándome a la cara, se me imagino ver la pregunta en sus ojos, me acuclille a su estatura y también le di su abrazo o ¿él me lo dio a mi?, dí 3 abrazos mas a las demás chicas que estaban con sus letreros; de ahí en adelante de trayecto a mi casa se me quedo una sonrisa, ese pequeño hecho cambio mi día.
Gracias a los chicos de los abrazos gratuitos, me hicieron sonreír cuando pensé que había tenido un día horrible, tan solo por no pasar de largo.
miércoles, 13 de octubre de 2010
viernes, 8 de octubre de 2010
Fallen
Desde siempre metro Eugenia a tenido un efecto mágico en mi, sobretodo a partir de que te conocí, no se como le haces, no sé como lo sabes pero desde que estabas en tu natal Argentina, me has llamado o enviado mensaje cuando entoy en esa estación, fué ahi en donde recibí el de ir como japonesita, en donde mis ojos se han iluminado al oir que suena mi cel.
Hoy que recibí tu llamada, fué ahí y mi corazón dió un vuelco, estaba leyendo uno de tus libros favoritos; ese sonido y tu voz me trasladaron a revivir el pasado, a nuestro pasado el escuchar tu "Hola corazón, como va tu dia?" me traslado a un pasado feliz en el que eras mi todo, mi mundo, mi vida, mi pasión; a ese mundo en donde tus suaves besos me hacian perder la cordura y nuestros cuerpos entrelazados a vivir una pasión insospechada.
Contigo aprendí a disfrutar de lo sencillo, del placer que tiene el sentarse a tomar unos mates (amargo, como a ti te gusta) o si hace mucho calor un tereré y platicar; a volar un barrilete, aprendí a disfrutar de un asado y no meter la mano a la parrilla, a unas empanadas deliciosas con un repulge perfecto que me intentaste enseñar.
A escuchar a Tita Merello e intentar bailar Tango.
Aprendí a amar tu río, tu costanera, tu árbol a donde te gustaba ir a leer, si ahi en donde nos sentamos una noche a mirar el cielo estrellado y prometernos amor.
Disfruto mucho sentarnos en el pórtico a platicar mientras te fumas un pucho, me gusta ver como expeles el humo, pese a que no me gusta fumar. Me encanta escuchar tu tono argentino, tu vos, tu tenés; es tan encantador.
Hoy me doy cuenta que no estoy lista para otra mujer, porque en cada mujer que conozco te busco a ti, busco tu risa, tu sonrisa, tu voz, tus ojos y ese guiño que me hacias, busco tu mirada de amor, de ternura y hasta de enojo cuando te hacia rabiar y ese andar tuyo tan particular, ese que desde el primer día te dije que me enloquece.
Hoy dejo de buscar amores imposibles me voy a guardar para curarme.
¡Estoy perdida, sigo a la deriva!
Hoy que recibí tu llamada, fué ahí y mi corazón dió un vuelco, estaba leyendo uno de tus libros favoritos; ese sonido y tu voz me trasladaron a revivir el pasado, a nuestro pasado el escuchar tu "Hola corazón, como va tu dia?" me traslado a un pasado feliz en el que eras mi todo, mi mundo, mi vida, mi pasión; a ese mundo en donde tus suaves besos me hacian perder la cordura y nuestros cuerpos entrelazados a vivir una pasión insospechada.
Contigo aprendí a disfrutar de lo sencillo, del placer que tiene el sentarse a tomar unos mates (amargo, como a ti te gusta) o si hace mucho calor un tereré y platicar; a volar un barrilete, aprendí a disfrutar de un asado y no meter la mano a la parrilla, a unas empanadas deliciosas con un repulge perfecto que me intentaste enseñar.
A escuchar a Tita Merello e intentar bailar Tango.
Aprendí a amar tu río, tu costanera, tu árbol a donde te gustaba ir a leer, si ahi en donde nos sentamos una noche a mirar el cielo estrellado y prometernos amor.
Disfruto mucho sentarnos en el pórtico a platicar mientras te fumas un pucho, me gusta ver como expeles el humo, pese a que no me gusta fumar. Me encanta escuchar tu tono argentino, tu vos, tu tenés; es tan encantador.
Hoy me doy cuenta que no estoy lista para otra mujer, porque en cada mujer que conozco te busco a ti, busco tu risa, tu sonrisa, tu voz, tus ojos y ese guiño que me hacias, busco tu mirada de amor, de ternura y hasta de enojo cuando te hacia rabiar y ese andar tuyo tan particular, ese que desde el primer día te dije que me enloquece.
Hoy dejo de buscar amores imposibles me voy a guardar para curarme.
¡Estoy perdida, sigo a la deriva!
miércoles, 6 de octubre de 2010
Espero curarme de ti
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero").
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero").
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
Jaime Sabines
El diagnóstico y la terapéutica
El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.
El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en lo mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.
Eduardo Galeano
El libro de los abrazos
martes, 28 de septiembre de 2010
Una invitación al vuelo
Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio. La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio. Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea.
En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible: el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros; la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor; el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas; la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar; se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega; en ningún país irán presos los muchachos que se niegan a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo; los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas; los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas; los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos; los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas; la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo; la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero; nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene; el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra; la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos; nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión; los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle; los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos; la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla; la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla; la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda; una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú; en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria; la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo; la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte"; serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma; los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar; seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuanto hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo; la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.
Eduardo Galeano
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